Creo que va siendo hora de contaros cómo continuó nuestra aventurilla cósmica por la ciudad que baña el mítico Tormes. Ya os conté todo sobre el viernes, así que damos paso al...
Sábado
Voy a omitir lo que no tiene interés calentito, así que pasamos de la mañana de resaca que vivimos.
Hacia las dos y media subimos al centro de la ciudad a buscar un sitio donde comer y, de paso, ver un poco el ambientillo. Comimos en un garito que no andaba mal de precio. Yo lo elegí y luché por él, porque no veas cómo estaba la camarera!! unos ojazos... Me enamoré... otra vez.
Tras un suculento plato combinado, nos preparamos para hacer un poco de turismo, que estar en salamanca y no visitar nada tiene pecado incluso para unos tolais como nosotros. Una catedral gótica, una iglesia y al final a buscar la ranita de Bender en la portada de la Universidad. Fui el primero en verla -eso me traerá suerte- pensé, y comuniqué las coordenadas de mi hayazgo a mis compañeros de fatigas.
Tras concluir la jornada cultural artística, nos decantamos por paladear la cultura alcohólica. Una serie de cañas en la plaza viendo pasar las mindundis amenizó nuestro reposo.
Las horas iban pasando, cambiamos las cervezas por cubatas y, por fin, nos movimos de la plaza para buscar otro lugar donde llenar el buche.
No cenamos demasiado agusto, pero con una buena regada de vino (vino no, vinate) con casera y otro cubatilla de postre, la cosa se mejora.
Tengo que estrujar bastante el cerebro para recordar qué pasó a continuación. Entre las lagunas, mi mala memoria, y el tiempo que hace que pasó, pues me cuesta reconstruir los hechos que acontecieron el día de autos.
Cubata va, cubata viene, la noche comenzó a transcurrir felizmente para todos los asistentes. En un bar trabamos amistad con las camareras (un buen par de mozas) y les caímos en gracia, por lo que nos invitaron a una ronda de chupitos. No hubo demasiado éxito con ellas; tampoco lo tuvo Sergei arrinconando a otro par de chicas en una pared.
Así que salimos a buscar nuevos lugares que conquistar, barreras que saltar, mitos que tirar. Gabriel, al girar una esquina, se topó de bruces con dos nativas: la excusa perfecta para intentar comunicarse.
Como soy un poquito caliente, comencé a revolotear cuan buitre enderredor de la rica carnaza.
- Gabriel, ¿cuantas veces tengo que decirte que no recojas las cosas que te encuentras por el suelo?-trato de parecer original y divertido, una táctica arriesgada
- Y este, ¿de dónde ha salido?- pregunta una de ellas
- Viene así de fábrica, no se lo tengáis en cuenta. En el fondo... muy en el fondo, es buena gente- que cabrón, está usando el viejo truco de "mis-amigos-son-unos-impresentables pero-yo-soy-un-tío-enrollado", ¡eso lo inventé yo!
Parece que Gabriel se ha ganado su confianza, nos las llevamos - mejor dicho, nos llevan- de marcha.
Tengo que indicaros que fue muy valiente por parte de las chicas el aventurarse con una tropa grande de tíos; en circunstancias normales, dos chicas no se llevan de marcha a un grupo de más de cinco zagales (ahora sólo quedábamos siete, hubo varias bajas a lo largo de la noche).
Gabriel iba trabajándose a Irene, tratando de adoptar el papel de macho alfa, para captar la atención de las dos únicas hembras que había en la manada.
Ejerciendo como buen caliente, comencé a hablar con la otra chica, que resultó tener temas de conversación interesantes a la par que entretenidos. Para entrar a un casino, hay que ir de etiqueta. Para echar fichas, lo primero es caer bien.
La cosa no parecía ir demasiado mal, la chica se reía y todo. Poco a poco, descubrí (bueno, lo admito... me contó) detalles de su vida. Estudiante, 23 años, novio (primer obstáculo. Bueno, eso no es problema mío) con el que había quedado después (ok, ahora puede que sea un ... inconveniente a la calentura)
Al rato de convensar con la chica A, la situación dio un giro inesperado. La chica B, que hasta ahora había estado bastante entretenida con Gabriel, dejó drásticamente de hablar con el y vino con chica B y conmigo. Empezamos a hablar, mientras, disimuladamente, A se iba por la tangente a hablar con Sergei (echa fichas campeón, ya verás qué idiota te sientes cuando te enteres que está ocupada)
Algo le había dicho Gabriel que le sentó como el culo. Le empecé a contar tonterías, no podía parar de hablar. Mis avizados ojos comenzaron a darse cuenta de las señales involuntarias (o totalmente voluntarias, que las mujeres son muy listas) que emitía esta ninfa del erotismo. Mientras tanto, Sasha me hacía señas "a qué esperas!!", pero he de ser sincero: El Tío Calentito estaba nervioso. No me atrevía a realizar el cabezazo de la muerte.
Decidimos cambiar de bar. La tropa Gooffy salió primero, luego la chica A después. B se dirigió a la puerta, así que la tomé del brazo, se giró, apreté los huevos y le lancé el morro.
No hubo torta, ni empujón.
CALENTONAAAAAAAAAAAAAAZO!!! Fred Astaire bailaba como un loco en mi estómago. Clac clac clac... Gene Kelly lo seguía, bajo la lluvia que encharcaba mi mente calenturienta, mientras miles de palomitas explotaban en mis entrañas.
Ahí estaba yo, derribando los muros enemigos, entrando poco a poco en el baluarte infranqueable, mientras A y mis amigos esperaban fuera. Claro que hubo cachondeo cuando salimos (yo haría lo mismo), así que nos despegamos un rato mientras decidíamos hacia qué bar ir.
De camino, nos "perdimos" y buscamos un lugar oscuro donde entregarnos a los bajos placeres (que para mi son los más altos) de la carne. La cosa no fue demasiado bien, porque para un sitio que encontramos al rato vinieron unos guiris y se acomodaron para ver el espectáculo (vamos, se escondieron, pero como iban borrachos, como que se notaba).
Así que como debía ser la única chica de toda la ciudad que vivía con sus padres, tuve que volverme con las palomitas bien calientes a punto de reventar la bragueta.
La vida es dura para un caliente...
pd: vista la longitud del post.. ves por qué se necesitan al menos dos entregas?? no lo he dividido en 3 por no partir la "accion", pero me lo he pensado bastante, que lo sepassss.
Mostrando las entradas con la etiqueta nativas. Mostrar todas las entradas
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martes, 10 de julio de 2007
lunes, 23 de abril de 2007
El Tío Calentito, Misión Salamanca. vol1
Puedo prometer y prometo, amigo lector, que en el tiempo que llevo en este mundo moza tan fermosa non vi en la frontera como las vaqueras de Salamanca.
Menudo fin de semana hemos pasado en esa bella ciudad. ¿Qué mejor para una despedida que una ciudad llenita a rebosar de estudiantes-hembra en edad de merecer?
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Viernes
Recién llegados a esta ciudad castellana nos pusimos manos a la obra. Cerveza en una mano, petilla en la otra, empezamos a preparar una suculenta barbacoa. Voy saltando unas cuantas horas, porque son borrosas y de esacaso interés.
Tras cenarnos toda la barbacoa, echamos unos cuantos litros de sangría semi-casera (sangría don simón más licores blancos más frutas, todo con unas cuantas horitas de reposo en un hermoso cubo).
La tajada era cada vez mayor, por lo que llegó el momento de partir hacia la marcha salmantina.
Tras un breve paseo llegamos al primer bar, cuyo nombre no recuerdo. Ya llegábamos animados por el alcohol y calientes por las mindundis que pueblan la villa. Primer cubata. Tres tragos. -cómo repite este chorizo- piensa un servidor-woops, eso que sube no es sólo gas ¡Sal corriendo del bar!
Breves segundos después vuelvo al bar, con mejor cara, peor aliento y con ganas de más. Un chicle soluciona lo del aliento. Ya estoy preparado para morir en cualquier esquina.
La noche va pasando de un bar a otro -no entramos al Potemkin porque hay que pagar- y a otro; de una copa tras otra.
En medio de la Plaza Mayor nos quedamos echando unos pitis, unas risas y tratando de parar a todo grupo de chicas que pasa. Lo sorprendente es que algunas se paran! De todas ellas, cabe recordar las siguientes:
1.- las noruegas
2.- las espaguettis
3.- las nativas
Las noruegas.
Buenas mozas bajan desde esos lares helados, donde el sol jamás llega a calentar. Una rubita, una negra y otra asiática. Todo hermosura. Tan guapas como bordes y secas, que se fueron echando ostias. Las recuerdo por lo buenas que estaban.
Las espaghettis.
Sergei y Gabriel se pegaron un buen rato hablando con unas titis. Me acerco para comprobar la calidad del pescado de la red y lo que veo es una tipa un poco calva, on los dientes chunguísimos. Sergei y Gabriel enamorados, yo echándoles un rapapolvo porque querían irse con ellas... si esque estos dos oyen acento raro y se pierden!
Las nativas.
Eran tres y parecían sacadas de una serie americana: la popular, la indie y la normalita que al final el prota descubre que es la mas guapa y lista (pero ésta no llevaba gafas). Las tres estaban buenas, pero yo me enamoré diréctamente de la normalita, qué ojazos! Como piscinas. Además me recordaba a la hermana pequeña de un amiguete del barrio que estaba cañón (y ya sabéis eso del morbo del fruto porhibido...)
Los corazones brotaban de mi cabeza como pompas de jabón, la baba colgaba ya unos 30 cm desed mi barbilla. Comenzamos el laborioso trabajo de la echada de fichas. Taka-taka taka-taka, una tras otra.
- qué estás estudiando?-la verdad es que me la trae floja
- pues estoy en tercero de ...-no me acuerdo qué dijo, ni de si dijo tercero, ya te he dicho que me la sudaba
- vaya, eso es lo que quise hacer yo! pero no me cogieron, es una carrera para listos - tomaaaaaa!!
- sí, bueno pero las salidas... -salidas? dónde!?!?! es una analogía? estás tu salida?
Después de un montón de tonterías, nos llevaron a visitar el hotel más famoso de la ciudad, el cual habían derruído unas horas antes, por viejo. Claro está que yo iba del brazo con Ojazos McTetis a mi siniestra y con la indie a mi diestra.
Retomamos nuestro camino hacia un bareto que las niñas apreciaban; ahora iba yo sólo con Ojazos, pensando que era mi día de suerte. Llegamos al garito, un antro de hardcore o de este punk moderno tipo papa roach y, la verdad, no molaba demasiado (eso que esa música sí que mola).
Fue entrar y que pasaran de nosotros. Valientes zorras. Hicimos un intento de recuperar el tiempo perdido, pero al final pasaron de nosotros como de doses en la primera mano del mus.
Con los huevos rebosantes de leche caliente, hicimos mutis y fuimos a tajar. Y eso hicimos, acabamos a las siete de la mañana, después de más de diez horas de bebercio contínuo. ¡A dormir calientes!
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Continuará...
Menudo fin de semana hemos pasado en esa bella ciudad. ¿Qué mejor para una despedida que una ciudad llenita a rebosar de estudiantes-hembra en edad de merecer?
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Viernes
Recién llegados a esta ciudad castellana nos pusimos manos a la obra. Cerveza en una mano, petilla en la otra, empezamos a preparar una suculenta barbacoa. Voy saltando unas cuantas horas, porque son borrosas y de esacaso interés.
Tras cenarnos toda la barbacoa, echamos unos cuantos litros de sangría semi-casera (sangría don simón más licores blancos más frutas, todo con unas cuantas horitas de reposo en un hermoso cubo).
La tajada era cada vez mayor, por lo que llegó el momento de partir hacia la marcha salmantina.
Tras un breve paseo llegamos al primer bar, cuyo nombre no recuerdo. Ya llegábamos animados por el alcohol y calientes por las mindundis que pueblan la villa. Primer cubata. Tres tragos. -cómo repite este chorizo- piensa un servidor-woops, eso que sube no es sólo gas ¡Sal corriendo del bar!
Breves segundos después vuelvo al bar, con mejor cara, peor aliento y con ganas de más. Un chicle soluciona lo del aliento. Ya estoy preparado para morir en cualquier esquina.
La noche va pasando de un bar a otro -no entramos al Potemkin porque hay que pagar- y a otro; de una copa tras otra.
En medio de la Plaza Mayor nos quedamos echando unos pitis, unas risas y tratando de parar a todo grupo de chicas que pasa. Lo sorprendente es que algunas se paran! De todas ellas, cabe recordar las siguientes:
1.- las noruegas
2.- las espaguettis
3.- las nativas
Las noruegas.
Buenas mozas bajan desde esos lares helados, donde el sol jamás llega a calentar. Una rubita, una negra y otra asiática. Todo hermosura. Tan guapas como bordes y secas, que se fueron echando ostias. Las recuerdo por lo buenas que estaban.
Las espaghettis.
Sergei y Gabriel se pegaron un buen rato hablando con unas titis. Me acerco para comprobar la calidad del pescado de la red y lo que veo es una tipa un poco calva, on los dientes chunguísimos. Sergei y Gabriel enamorados, yo echándoles un rapapolvo porque querían irse con ellas... si esque estos dos oyen acento raro y se pierden!
Las nativas.
Eran tres y parecían sacadas de una serie americana: la popular, la indie y la normalita que al final el prota descubre que es la mas guapa y lista (pero ésta no llevaba gafas). Las tres estaban buenas, pero yo me enamoré diréctamente de la normalita, qué ojazos! Como piscinas. Además me recordaba a la hermana pequeña de un amiguete del barrio que estaba cañón (y ya sabéis eso del morbo del fruto porhibido...)
Los corazones brotaban de mi cabeza como pompas de jabón, la baba colgaba ya unos 30 cm desed mi barbilla. Comenzamos el laborioso trabajo de la echada de fichas. Taka-taka taka-taka, una tras otra.
- qué estás estudiando?-la verdad es que me la trae floja
- pues estoy en tercero de ...-no me acuerdo qué dijo, ni de si dijo tercero, ya te he dicho que me la sudaba
- vaya, eso es lo que quise hacer yo! pero no me cogieron, es una carrera para listos - tomaaaaaa!!
- sí, bueno pero las salidas... -salidas? dónde!?!?! es una analogía? estás tu salida?
Después de un montón de tonterías, nos llevaron a visitar el hotel más famoso de la ciudad, el cual habían derruído unas horas antes, por viejo. Claro está que yo iba del brazo con Ojazos McTetis a mi siniestra y con la indie a mi diestra.
Retomamos nuestro camino hacia un bareto que las niñas apreciaban; ahora iba yo sólo con Ojazos, pensando que era mi día de suerte. Llegamos al garito, un antro de hardcore o de este punk moderno tipo papa roach y, la verdad, no molaba demasiado (eso que esa música sí que mola).
Fue entrar y que pasaran de nosotros. Valientes zorras. Hicimos un intento de recuperar el tiempo perdido, pero al final pasaron de nosotros como de doses en la primera mano del mus.
Con los huevos rebosantes de leche caliente, hicimos mutis y fuimos a tajar. Y eso hicimos, acabamos a las siete de la mañana, después de más de diez horas de bebercio contínuo. ¡A dormir calientes!
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Continuará...
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