Soy un inconstante en todo, por eso que no haya post desde hace mucho tiempo. Por eso y porque no me han sucedido muchas historias calentitas ultimamente, que es lo que de verdad importa. Bueno, alguna que otra hay... Por ejemplo, cuando por pura calentura nocturno-etílica envié un sms a una chica que me hizo caso una noche en Getafe, al cual me contestó (dando buena cuenta de su poder deductivo) lo siguiente: "es q solo tacuerdas d mi cuando vas borracho?no t ntiendo,pasas d mi tanto tpo y ahora esto?aclarate" Y como soy un poco cobarde, pues no le contesté.
Haciendo honor al título, voy a retomar la historia del guardarropa, que es totalmente verídica.
Tras el húmedo premio que Dora me obsequió bajo el amparo del guardarropa, apareció mi amigo el rey de francia, que debería abrir su propio blog y contar sus historias, acompañado de unos colegas suyos de curro. Por poco me ven con las manos en la masa. Eso hubiera sido genial, porque la historia habría terminado ya y no tendría que estar escribiendo esta especie de confesionario electrónico.
Dejé a Dora y subí con ellos a echar unos bailables. Iban en buena compañía, tres mozas de bastante buen ver que se movían que daba gusto. Ni me acuerdo de los nombres. Empecé a hacer el tonto con el rey de francia y a bailar, sin ninguna intención caliente (lo juro), con una de ellas, llamémosla Miriam (ya he dicho que no me acuerdo del nombre de ninguna). Bailamos y charlamos un rato y ya dieron las luces para echar a la gente del garito. Mientras todos salían, vi que Dora tomaba una copa en la barra y me acerqué.
- ¿Qué tal está preciosa, me permite acompañarla?
- Ya se de qué va usté, señortio, no crea que soy tonta, ya me di cuenta.
- Dora, de qué habla? No entiendo...
- Le vi a usted bailando con una de esas niñas tan guapas, ya sabía yo que sólo quería reirse de mi, ahora váyase.
- ¡Dora, por favor! Esa chica no significa nada, sólo bailamos un rato, no crea que... - eso, tu trata de arreglarlo, tontaco, encima que se te pone fácil salir de esta.
- ¡Déjeme, señorito, váyase! Quiero estar sola.
- Dora, yo...
- No. Ahora váyase.
Me fui, me giré mientras salía por la puerta. Dora daba otro trago mirando al infinito. Desde entonces nunca bajo a dejar mi abrigo al guardarropa.
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domingo, 23 de marzo de 2008
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Mature Seduction vol. 1
Vuelvo de un verano calentito para compartir mis vivencias de completo looser con vosotros, los pocos lectores que pueda tener.
Hace un par de semanas, salí de marcha con unos compañeros de curro, de esos a los que luego echas la culpa de tu estado etílico, o que usas como chivo expiatorio cuando tu madre te pide explicaciones sobre tu embriaguez (esto lo hacía cuando vivía con la progenie, ahora tengo que dar explicaciones a mis compis de piso). Acabamos en un antro discotequero de Gran Vía, lo únco que encontramos abierto un martes a esas horas, y ya íbamos bastante tocados.
Tras un rato en la pista, con una copa en la mano, bajé a los servicios. Para llegar a ellos había que pasar frente al ropero, donde una señora de unos 55 años esperaba, aburrida, que alguien le dejara un abrigo en pleno agosto... De tez morena, bajita, algo rellenita, y con rasgos sudamericanos, no pude resistirme a otra calentura.
En mi calentura, deduje que lo mejor era poner acento hispanoamericano -Disculpe, señorita, qué hase usté aquí abaho tan soola?- lo malo es que hay tantos que, estando borracho, es muy fácil pasar de uno a otro.
- Señora, miho, soy señora.
- Hay, pues quién lo diría, tanta bellesa hunta!, puedo preguntarle su nombre?
- Jajaja, grasias por el cumplido. Dora; me llamo Dora Sifuentes. De dónde es usted?
No recuerdo exactamente la conversación, así que lo mejor será resumir los puntos importantes:
Por lo visto, yo había pasado unos meses trabajando en mejico (no recuerdo de qué país era originario) y por ello mezclaba acentos y usaba expresiones de DF.
Dora está casada y tiene por lo menos un vástago (lo deduje cuando me enseñó la foto de su NIETA).
- Dora, se que le pareserá algo indecoroso, pero... quisiera besarla-¿Qué cóño estás haciendo? Que es abuela A-BUE-LA! .
- Hay miho, que cosas tiene usted, vaya a la pista de baile, está llenita de muheres bonitas, yo estoy aquí trabahando y soy no más que una vieha
(nota, no recuerdo su acento, así que me lo invento.. tienes que leer echándole imaginación)
- No diga eso, las chicas de allá fuera son todas unas pendehas, no me comprenden. Usted disculpe, pero es algo que no puedo reprimir, me arde por dentro, nesesito besarla!- Venga! tú sigue por ese camino, que ya verás dónde acabas... Dora me da un casto piquito.
- Ya está, señortio, contento?- la señora sigue pensando que le estoy tomando el pelo, no sabe que yo, me la follaba.
- Dora, lo sierto es que no estoy contento, quisiera degustar esos labios suaves de nuevo, sentir su calor.
Dora se asoma a través del mostrador del guardarropa, mira a ambos lados, me agarra de las solapas del cuello y me da un morreo lleno de babas, pero sin lengua, estilo años 50. La mujer me mira con una sonrisa picaruela y los ojos brillantes. Yo me descubro devolviéndole otra sonrisa.
Continuará!!!
Hace un par de semanas, salí de marcha con unos compañeros de curro, de esos a los que luego echas la culpa de tu estado etílico, o que usas como chivo expiatorio cuando tu madre te pide explicaciones sobre tu embriaguez (esto lo hacía cuando vivía con la progenie, ahora tengo que dar explicaciones a mis compis de piso). Acabamos en un antro discotequero de Gran Vía, lo únco que encontramos abierto un martes a esas horas, y ya íbamos bastante tocados.
Tras un rato en la pista, con una copa en la mano, bajé a los servicios. Para llegar a ellos había que pasar frente al ropero, donde una señora de unos 55 años esperaba, aburrida, que alguien le dejara un abrigo en pleno agosto... De tez morena, bajita, algo rellenita, y con rasgos sudamericanos, no pude resistirme a otra calentura.
En mi calentura, deduje que lo mejor era poner acento hispanoamericano -Disculpe, señorita, qué hase usté aquí abaho tan soola?- lo malo es que hay tantos que, estando borracho, es muy fácil pasar de uno a otro.
- Señora, miho, soy señora.
- Hay, pues quién lo diría, tanta bellesa hunta!, puedo preguntarle su nombre?
- Jajaja, grasias por el cumplido. Dora; me llamo Dora Sifuentes. De dónde es usted?
No recuerdo exactamente la conversación, así que lo mejor será resumir los puntos importantes:
Por lo visto, yo había pasado unos meses trabajando en mejico (no recuerdo de qué país era originario) y por ello mezclaba acentos y usaba expresiones de DF.
Dora está casada y tiene por lo menos un vástago (lo deduje cuando me enseñó la foto de su NIETA).
- Dora, se que le pareserá algo indecoroso, pero... quisiera besarla-¿Qué cóño estás haciendo? Que es abuela A-BUE-LA! .
- Hay miho, que cosas tiene usted, vaya a la pista de baile, está llenita de muheres bonitas, yo estoy aquí trabahando y soy no más que una vieha
(nota, no recuerdo su acento, así que me lo invento.. tienes que leer echándole imaginación)
- No diga eso, las chicas de allá fuera son todas unas pendehas, no me comprenden. Usted disculpe, pero es algo que no puedo reprimir, me arde por dentro, nesesito besarla!- Venga! tú sigue por ese camino, que ya verás dónde acabas... Dora me da un casto piquito.
- Ya está, señortio, contento?- la señora sigue pensando que le estoy tomando el pelo, no sabe que yo, me la follaba.
- Dora, lo sierto es que no estoy contento, quisiera degustar esos labios suaves de nuevo, sentir su calor.
Dora se asoma a través del mostrador del guardarropa, mira a ambos lados, me agarra de las solapas del cuello y me da un morreo lleno de babas, pero sin lengua, estilo años 50. La mujer me mira con una sonrisa picaruela y los ojos brillantes. Yo me descubro devolviéndole otra sonrisa.
Continuará!!!
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martes, 26 de junio de 2007
Concierto un Jueves cualquiera. Vol 1
cierto es que llevo tiempo sin postear, y más cierto que os he dejado a medias a algunos de vosotros. Bueno, he decidido retomar mi labor didáctica sobre la calentura.
Podréis conocer más detalles de mi vida, sí.
Jueves de Concierto
El otro día me fui con Sasha a un conciertillo que daban en una famosa sala de madrid. En principio Sasha no quería venir, pero como no había mejor plan, me acompañó.
- Huy, yo tampoco me acuerdo del tuyo- qué graciosa coincidencia
- Bueno, pues pongamos fin a esta situación, soy Sasha, ¡encantado!
- Claudia- aquí van los dos besos de rigor-, un placer, jajaja- este Sasha, resulta que a la chica le ha hecho gracia la situación
El muy caliente me deja de lado sin siquiera presentarme a la mindundi, raja que raja, yo pongo la oreja. La chica tiene una tienda, se vino a Madrid hace cuatro años y ha quedado en el garito con unas amigas para ver el concierto. ¡Estupendo! Amigas, síiiiii nena! Me va a tocar entretenerlas, ¡genial!
Abren las puertas del garito, Sasha y el anteriormente conocido como protagonista de este blog, yo, nos avalanzamos hacia el interior.
- ¡Joder, tío, vaya jaca! ¿en serio que era de tu clase de la uni y no te acordabas de ella?
- sí pero no. Era de mi clase y encima era una de las que me ponían bruto. Menuda cagada olvidarme del nombre!
- Bueno, no pasa nada, ahora le echas todas las fichas mientras yo distraigo a las amigas, ¿no?
- Sí claro, jejeje. Me estoy poniendo nervioso, ¡como un colegial!
- Por cierto, ¿dónde están?
- No sé, dijo que venían al concierto...
- ¿Le has pedido el móvil? ¿Le has dicho que entrábamos?
- Esto.... no y ... no, tampoco.
- Joder Walter... ¡un plan cojonudo!²
- ¡Mierda, me he puesto nerviosísimo, no se me ha ocurrido! Tampoco es tan grave, en cuanto entre nos verá y si no viene, vamos nosotros, ¿no?
- Tienes razón, tampoco hay que parecer desesperado. No está mal, no.
Las chicas jamás entraron, así que nos distrajimos con las que ya estaban dentro, que no eran pocas y había unas cuantas con puntuación por encima del 7.
Próximo episodio, un día de estos, porque me falta contaros el ligoteo tras el concierto y la noche de marcha con los miembros del grupo.
¡Hasta la próxima, calientes!
¹Cosita: dícese de las féminas de estatura entre 155 y 170 cm, con cara de niña buena que no entiende de fútbol.
²Cita de la célebre, mítica e inigualable película El Gran Lewoski.
Podréis conocer más detalles de mi vida, sí.
Jueves de Concierto
El otro día me fui con Sasha a un conciertillo que daban en una famosa sala de madrid. En principio Sasha no quería venir, pero como no había mejor plan, me acompañó.
Esperando a que abrieran el local para pillar entradas, apareció una chiquita de ojos verdes, metro sesenta y pico, morena y cachonda. Solté un codazo a Sasha -mira tío, cosíiiiita¹-. Sasha no respondía, comenzó a cambiarle el color de la cara. Intentó decirme algo, pero le interrumpió la chica de los ojos verdes.
- Disculpa, tú... estudiaste Física Termonuclear en Granada, ¿no?
- Erm, sí, sí, tu también ¿verdad? es que te he visto y me preguntaba ..."¿de qué me suena esa chica?"
- Sí, jajaja, yo tampoco estaba segura, íbamos a la misma clase- qué grande Sasha, de tu clase y tú ni te acuerdas de su nombre? con lo buena que está!
- Pues voy a quedar fatal, pero... no recuerdo tu nombre- ¿y encima se lo dices? ¿eres tonto?- Disculpa, tú... estudiaste Física Termonuclear en Granada, ¿no?
- Erm, sí, sí, tu también ¿verdad? es que te he visto y me preguntaba ..."¿de qué me suena esa chica?"
- Sí, jajaja, yo tampoco estaba segura, íbamos a la misma clase- qué grande Sasha, de tu clase y tú ni te acuerdas de su nombre? con lo buena que está!
- Huy, yo tampoco me acuerdo del tuyo- qué graciosa coincidencia
- Bueno, pues pongamos fin a esta situación, soy Sasha, ¡encantado!
- Claudia- aquí van los dos besos de rigor-, un placer, jajaja- este Sasha, resulta que a la chica le ha hecho gracia la situación
El muy caliente me deja de lado sin siquiera presentarme a la mindundi, raja que raja, yo pongo la oreja. La chica tiene una tienda, se vino a Madrid hace cuatro años y ha quedado en el garito con unas amigas para ver el concierto. ¡Estupendo! Amigas, síiiiii nena! Me va a tocar entretenerlas, ¡genial!
Abren las puertas del garito, Sasha y el anteriormente conocido como protagonista de este blog, yo, nos avalanzamos hacia el interior.
- ¡Joder, tío, vaya jaca! ¿en serio que era de tu clase de la uni y no te acordabas de ella?
- sí pero no. Era de mi clase y encima era una de las que me ponían bruto. Menuda cagada olvidarme del nombre!
- Bueno, no pasa nada, ahora le echas todas las fichas mientras yo distraigo a las amigas, ¿no?
- Sí claro, jejeje. Me estoy poniendo nervioso, ¡como un colegial!
- Por cierto, ¿dónde están?
- No sé, dijo que venían al concierto...
- ¿Le has pedido el móvil? ¿Le has dicho que entrábamos?
- Esto.... no y ... no, tampoco.
- Joder Walter... ¡un plan cojonudo!²
- ¡Mierda, me he puesto nerviosísimo, no se me ha ocurrido! Tampoco es tan grave, en cuanto entre nos verá y si no viene, vamos nosotros, ¿no?
- Tienes razón, tampoco hay que parecer desesperado. No está mal, no.
Las chicas jamás entraron, así que nos distrajimos con las que ya estaban dentro, que no eran pocas y había unas cuantas con puntuación por encima del 7.
Próximo episodio, un día de estos, porque me falta contaros el ligoteo tras el concierto y la noche de marcha con los miembros del grupo.
¡Hasta la próxima, calientes!
¹Cosita: dícese de las féminas de estatura entre 155 y 170 cm, con cara de niña buena que no entiende de fútbol.
²Cita de la célebre, mítica e inigualable película El Gran Lewoski.
martes, 10 de abril de 2007
No he posteado antes porque me parece una pérdida de tiempo si no tengo nada interesante que contar. Ahora, por lo menos tengo una historietilla curiosa.
Esta semana santa me la he pasado de juerga con los del curro; hemos salido cuatro días en una semana: martes, miércoles, viernes y sábado.
Mortal.
Viernes, en algún lugar de Malasaña entre las doce y la una de la noche. Ahí estaba ella, sentada en un taburete en la barra, bebiendo sola. Su modelo de pantalón de cintura baja permitía apreciar un lujurioso tatuaje justo donde la espalda está a punto de perder su casto nombre. Mis conocimientos de chino son tan escasos como los que poseo de japonés. De humor amarillo no paso. No sé qué significan esos símbolos, por lo que prefiero centrar mi atención donde la espalda sí pierde su casto nombre.
Tras varios minutos admirando e imaginando la comodidad de aquellas posaderas, un repentino calor de huevos me lleva a la acción.
Me acerco a ella, el pulso se acelera: me he vuelto a enamorar.
- Perdona que te moleste, pero creo que esto es tuyo- le enseño un cromo de Doraemon, para testar su sentido del humor a la vez que su madurez. Cuanto más madura, peor lo tengo.
- Creo que te equivocaste, no sé qué es.
- Disculpa, como lo vi en el suelo y como te gusta la culturilla oriental, pensé que…
- ¿cómo sabes si me gusta la cultura oriental?
- Hombre, no se, es como un tercer sentido- si le gustan los simpson, cogería este chiste-, lo se- órdago: si tiene un tatuaje en japo o chinorri, tiene que gustarle esa cultura, ¿no?
- Pues no especialmente- otra moderna de postal. Seguro que no sabe si lleva escrito “guarra facilona” o “monja pedorra”. Prefiero no seguir por esa senda, que no sepa que he estado mirándole el culo como un descosido.
La conversación no va del todo mal, pero tampoco muy bien. Llego incluso a pedirle el teléfono.
- tengo novio, pero si quieres te lo doy
¿Qué es esto? ¿Qué clase de mente retorcida juega a estos juegos teniendo compromiso? O es una golfa o una sádica. Tiene más pinta de lo segundo.
Al final me doy por vencido y decido largarme del sitio con los colegas. De camino a la salida del bar me encuentro un paraguas, que guardo cuidadosamente en mi huevada.
Decidimos ir a otro garito, yo feliz de no mojarme gracias a mi recién requisado paraguas. En la cola una voz familiar:
- Eh, pedazo de cabrón, ese es mi paraguas!- grita mi intento de ligue- y aún encima quería que le diera mi teléfono
- Esto…. Sí, bueno, que… ¡me lo he encontrado! Sí, tirado a la salida del bar.
Para colmo, todos los amigos de la chica alrededor.
- erm… es tuyo? Toma, toma, que a mi no me hace falta…
Descojone por parte de mis amigos, miradas de odio por parte de la tipa y su gente… raro que no pasara a mayores!
Por desgracia no hubo final caliente, así que al llegar a casa, a pelar la banana, zurrir la sardina, y ¡a dormir relajadito!
Esta semana santa me la he pasado de juerga con los del curro; hemos salido cuatro días en una semana: martes, miércoles, viernes y sábado.
Mortal.
Viernes, en algún lugar de Malasaña entre las doce y la una de la noche. Ahí estaba ella, sentada en un taburete en la barra, bebiendo sola. Su modelo de pantalón de cintura baja permitía apreciar un lujurioso tatuaje justo donde la espalda está a punto de perder su casto nombre. Mis conocimientos de chino son tan escasos como los que poseo de japonés. De humor amarillo no paso. No sé qué significan esos símbolos, por lo que prefiero centrar mi atención donde la espalda sí pierde su casto nombre.
Tras varios minutos admirando e imaginando la comodidad de aquellas posaderas, un repentino calor de huevos me lleva a la acción.
Me acerco a ella, el pulso se acelera: me he vuelto a enamorar.
- Perdona que te moleste, pero creo que esto es tuyo- le enseño un cromo de Doraemon, para testar su sentido del humor a la vez que su madurez. Cuanto más madura, peor lo tengo.
- Creo que te equivocaste, no sé qué es.
- Disculpa, como lo vi en el suelo y como te gusta la culturilla oriental, pensé que…
- ¿cómo sabes si me gusta la cultura oriental?
- Hombre, no se, es como un tercer sentido- si le gustan los simpson, cogería este chiste-, lo se- órdago: si tiene un tatuaje en japo o chinorri, tiene que gustarle esa cultura, ¿no?
- Pues no especialmente- otra moderna de postal. Seguro que no sabe si lleva escrito “guarra facilona” o “monja pedorra”. Prefiero no seguir por esa senda, que no sepa que he estado mirándole el culo como un descosido.
La conversación no va del todo mal, pero tampoco muy bien. Llego incluso a pedirle el teléfono.
- tengo novio, pero si quieres te lo doy
¿Qué es esto? ¿Qué clase de mente retorcida juega a estos juegos teniendo compromiso? O es una golfa o una sádica. Tiene más pinta de lo segundo.
Al final me doy por vencido y decido largarme del sitio con los colegas. De camino a la salida del bar me encuentro un paraguas, que guardo cuidadosamente en mi huevada.
Decidimos ir a otro garito, yo feliz de no mojarme gracias a mi recién requisado paraguas. En la cola una voz familiar:
- Eh, pedazo de cabrón, ese es mi paraguas!- grita mi intento de ligue- y aún encima quería que le diera mi teléfono
- Esto…. Sí, bueno, que… ¡me lo he encontrado! Sí, tirado a la salida del bar.
Para colmo, todos los amigos de la chica alrededor.
- erm… es tuyo? Toma, toma, que a mi no me hace falta…
Descojone por parte de mis amigos, miradas de odio por parte de la tipa y su gente… raro que no pasara a mayores!
Por desgracia no hubo final caliente, así que al llegar a casa, a pelar la banana, zurrir la sardina, y ¡a dormir relajadito!
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